Por qué las personas más capaces suelen ser las últimas en pedir ayuda

psicóloga online ayuda

Casi todas las personas que lo postergaron mucho dicen lo mismo después de las primeras sesiones: «Por qué tardé tanto.»

No porque la terapia sea mágica ni porque todo se resuelva rápido. Sino porque el solo hecho de tener un espacio donde hablar de lo que está pasando sin filtros, sin tener que cuidar a nadie, sin tener que rendir cuentas, ya genera algo que es difícil de obtener en otro lado.

Y porque cuando empezás a entender qué está pasando y por qué, dejás de estar peleando contra algo que no podés ver.

Hay algo que noto con mucha frecuencia en las personas que llegan a terapia: casi todas postergaron el primer contacto mucho más de lo que hubieran querido.

No porque no supieran que algo no estaba bien. Lo sabían. A veces desde hacía meses, a veces desde hacía años. Lo postergaron por otras razones. Razones que tienen mucho más sentido de lo que parecen desde afuera.

"Otros están peor"

Es la justificación más común. Y funciona muy bien para postergar, porque siempre es verdad en cierto sentido: siempre hay alguien en una situación más grave.

El problema es que eso no dice nada sobre si lo que vos estás viviendo merece atención. El sufrimiento no es una competencia. El hecho de que alguien esté peor no significa que vos estés bien.

Esta lógica aparece especialmente en personas con mucha capacidad de empatía, que priorizan las necesidades de los demás por encima de las propias. Y en personas muy exigentes consigo mismas, que tienen el estándar muy alto para todo, incluyendo para decidir cuándo «amerita» buscar ayuda.

"Debería poder con esto solo/a"

Esta también es muy frecuente, y está muy relacionada con cómo algunas personas construyeron su identidad alrededor de la autonomía y la capacidad de resolución.

Hay algo profundamente instalado en ciertas personas que asocia pedir ayuda con no poder, con debilidad, con fallar en algo que deberían manejar solos. En muchos casos eso tiene historia: crecieron en entornos donde mostrarse vulnerable no era seguro, o donde aprendieron que la fortaleza era no necesitar a nadie.

Ese aprendizaje fue adaptativo en algún momento. El problema es que en la adultez se vuelve un obstáculo. Porque nadie puede con todo, todo el tiempo, indefinidamente. Y pretender que sí tiene un costo.

El miedo a lo que pueden encontrar

Hay otro miedo que es menos visible pero muy real: el miedo a lo que pueda aparecer si abrís esa puerta.

Si empezás a hablar de ciertas cosas, ¿qué vas a encontrar? ¿Vas a poder seguir funcionando igual? ¿Va a ser demasiado para manejar? ¿Te vas a tener que hacer cargo de algo que preferís no ver?

Eso es comprensible. Y vale la pena decirlo claramente: un proceso terapéutico bien llevado no consiste en destapar todo de golpe ni en desestabilizar a la persona. Consiste en ir a un ritmo que la persona pueda sostener, con un acompañamiento que hace que lo que aparece sea manejable.

"No sé si lo que me pasa es suficientemente grave"

Este también aparece mucho. Y hay algo paradójico en él: precisamente las personas que más minimizan su propio malestar son las que más lo necesitan, porque llevan años haciéndolo.

No hay un umbral de gravedad para empezar terapia. No hace falta estar en crisis, no hace falta tener un diagnóstico, no hace falta que tu vida esté desmoronándose. Si algo te está pesando, si algo no está bien, si hay una sensación de fondo que no desaparece, eso ya es razón suficiente.

De hecho, cuanto antes, mejor. No porque haya urgencia en ese sentido, sino porque los patrones que generan malestar se van consolidando con el tiempo. Es más fácil trabajar algo que lleva un año que algo que lleva diez.

Lo que cambia cuando finalmente se da el paso

Casi todas las personas que lo postergaron mucho dicen lo mismo después de las primeras sesiones: «Por qué tardé tanto.»

No porque la terapia sea mágica ni porque todo se resuelva rápido. Sino porque el solo hecho de tener un espacio donde hablar de lo que está pasando sin filtros, sin tener que cuidar a nadie, sin tener que rendir cuentas, ya genera algo que es difícil de obtener en otro lado.

Y porque cuando empezás a entender qué está pasando y por qué, dejás de estar peleando contra algo que no podés ver.

.

Para terminar

Si llegaste hasta acá y te reconociste en alguna de estas razones para postergar: eso en sí mismo es información.

No hace falta tenerlo todo claro para escribirme. Podemos empezar por ahí.

Referencias:

Brown, B. (2010). The Gifts of Imperfection. Hazelden Publishing.

Corrigan, P. W. (2004). How stigma interferes with mental health care. American Psychologist, 59(7), 614–625.

Norcross, J. C., & Lambert, M. J. (2011). Psychotherapy relationships that work II. Psychotherapy.