Autoestima baja: por qué no se resuelve con logros y qué sí funciona

Psicóloga Online Argentina

Hay personas que tienen un currículum impresionante y se sienten un fraude. Que reciben un elogio y piensan que la persona no sabe bien con quién está hablando. Que logran lo que se propusieron y en lugar de satisfacción sienten alivio temporal seguido de la siguiente preocupación.

La autoestima baja no siempre se ve desde afuera. No siempre es timidez ni falta de logros. Muchas veces vive escondida detrás de mucho rendimiento, mucha exigencia y mucha apariencia de seguridad.

Qué es la autoestima y qué no es

La autoestima es la valoración que una persona hace de sí misma. No de sus logros en particular, sino de su propio valor como persona.

La distinción importa porque muchas personas confunden autoestima con autoconfianza. La autoconfianza tiene que ver con creer que podés hacer algo concreto. La autoestima tiene que ver con sentir que valés, con independencia de lo que hacés o de lo que lográs.

Por eso la autoestima baja no se resuelve acumulando logros. Porque el mecanismo que hace que los logros no alcancen, ese que descalifica lo bueno y amplifica lo malo, sigue operando sin importar cuánto se logre.

De dónde viene la baja autoestima

Casi siempre tiene historia. Y generalmente esa historia es más sutil de lo que se imagina.

No hace falta haber vivido algo dramático. Puede ser haber crecido en un entorno donde el afecto se sentía condicional al rendimiento. Haber internalizado críticas repetidas que con el tiempo se volvieron la propia voz interior. Haber aprendido que la aprobación de los demás era necesaria para sentirse bien.

Esos mensajes, recibidos cuando la capacidad de cuestionarlos era muy limitada, se instalan como creencias sobre uno mismo que después se van confiriendo a través de cómo se interpreta la realidad. Un error se convierte en evidencia de incapacidad. Un logro se descarta como suerte o casualidad.

Por qué los logros no alcanzan para mejorar la autoestima

Este es el punto que más sorprende a las personas cuando lo entienden.

Si la baja autoestima fuera solo falta de evidencia de competencia, bastaría con acumular logros para resolverla. Pero el sistema cognitivo que la sostiene está sesgado: filtra la información de manera que lo que confirma la creencia negativa queda, y lo que la refuta se descarta.

El éxito se atribuye a factores externos: suerte, el contexto favorable, que los demás no vieron bien. El fracaso se atribuye a factores internos: incapacidad, defecto personal. Esa asimetría hace que la evidencia no alcance, porque el sistema la procesa de manera que siempre confirma lo que ya creía.

Qué sí funciona

El trabajo sobre la autoestima baja no empieza por pensar positivo ni por hacer una lista de tus cualidades. Eso puede ser útil en algún momento del proceso, pero no es el punto de partida.

El punto de partida es examinar las creencias que sostienen la valoración negativa. No para convencer a la persona de que son falsas, sino para ver de dónde vienen, qué función cumplieron, y si siguen siendo útiles ahora.

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso, parte del trabajo es separar el yo de los pensamientos sobre el yo. Poder observar el “me siento incompetente” sin fusionarse con esa experiencia como si fuera una descripción objetiva de la realidad.

Y construir una autoestima que no dependa del rendimiento. Que tenga una base que no se caiga cuando el proyecto no sale bien o cuando alguien critica.

Cuándo buscar acompañamiento

Si sentís que los logros no te alcanzan para sentirte bien con vos mismo/a, si la voz interior es sistemáticamente más crítica que la de cualquier persona que te conozca de afuera, si el valor propio sube y baja dependiendo de cómo salió el día: eso vale la pena trabajarlo.

No para tener una autoestima inflada. Para dejar de depender de la aprobación externa y del rendimiento para sentir que valés.

Si querés explorar si puedo ayudarte, podés escribirme.

Referencias:

Rosenberg, M. (1965). Society and the Adolescent Self-Image. Princeton University Press.

Beck, A. T. (1979). Cognitive Therapy of Depression. Guilford Press.

Neff, K. D. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself. William Morrow.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy. Guilford Press.